La ambición de entrar a la Sudamericana fue el motor de la victoria del Ciclón, que lució algo mejor que en los últimos partidos pero aún debe engordar el juego.
La meta, triste y única, hace las veces de conejo colgando delante de un galgo lanzado a la pista. Motoriza a un equipo derrotado. Y ahí va, para llevarse puesto a un rival que recorre el mismo camino pero peor rumbeado. De la mano de un Solari que muestra en cada minuto que es el hombre que necesita el San Lorenzo versión Simeone que se verá el próximo semestre. Empujado por la sangre joven de Sebastián González y Axel Juárez. Pero no más de eso…
Este San Lorenzo, el que más goles de cabeza recibió en el torneo, sigue penando de arriba e Independiente pudo haberlo lastimado. Ese ítem no mostró mejoría, pese a que el Cholo enfatizó el trabajo para que se vea un progreso. Sin embargo, entre la mediocridad hecha fútbol en el Duco, fue San Lorenzo el que tuvo mejores intenciones. Cualquiera diría que es fácil que eso suceda cuando tenés a un Solari radiante en tu equipo, pero fueron las bajas de dos titulares las que le permitieron al Ciclón amigarse un poco con la pelota: sin Bergessio, suspendido, y con Chaco Torres en el banco, Simeone se aferró, como lo viene haciendo desde que asumió, al piberío. Así fue que Sebi González mostró chispazos del gran enlace que puede llegar a ser, aunque Juárez le quitó protagonismo y hasta plantó un mojón: fue más ofensivo que el Chaco y siempre fue opción para asociarse criteriosamente con los atacantes. Ese empuje le bastó a San Lorenzo para adueñarse de la historia. La frutilla del postre nació en esa puñalada lanzada por Aureliano (regresado luego de que Voboril quedara expuesto en el gol de Huracán), seguida del gran pique de Solari y de la definición de Silvera. Ahí se acomodó San Lorenzo. Podría haber goleado, pero el Cuqui sacó a relucir su panza llena, desperdiciando dos chances claras. Ahí está el tema: sin hambre, este equipo no funciona. El Cholo deberá acertar el plan nutricional.
DIEGO SANTONOVICH | dsantonovich@ole.com.ar
No fue 0-5 de milagro
El Rojo se salvó de otro papelón por la mala puntería del Ciclón. Encima, lo embocó Silvera…
DEMIAN MELTZER | dmeltzer@ole.com.ar
El peor de los temores pre clásico se confirmó, como si algo le faltaba a este descolorido Independiente: Hilario Navarro, su arquero a préstamo en San Lorenzo, les selló el camino al gol, y Andrés Silvera, un ídolo, los volvió embocar, por cuarta vez desde que juega pata los de Boedo… ¡Bingo!
Lo cierto es que el Rojo tampoco hizo mucho para torcer la historia. Sacando a los debutantes Cáceres y Vissio, los otros nueve protagonistas eran los mismos del papelón en el Sur. Y lo poco que diferenció al 0-5 ante Banfield de este 0-1 contra el Ciclón es lo abultado del resultado. Potenciado porque el rival no fue una luz, a pesar de que, por llegadas claras, también lo pudo haber goleado.
No sirve ponerse a pensar qué hubiera pasado si Hilario no atoraba rápido a Montenegro. Porque esa fue la única situación de gol que el local generó hasta los 40′ST, cuando Bottinelli salvó sobre la línea un remate de Gandín. Dos jugadas en 90′. Poquísimo para un equipo que quería dar la cara en el clásico. Aunque en sintonía a lo hecho en todo el Clausura.
Como muestra, basta un botón. Rolfi fue el único claro con la pelota en los pies y no tuvo socios. A Gandín le rebotaban todas, Machín corrió sin claridad y Vissio no se animó a soltarse. A Pusineri se lo vio mucho pisando el área, sin ser productivo, y sin regreso para marcar. Godoy fue un quinto defensor, siempre encima de González o Silvera. En el fondo, Tuzzio, de 4, empezó bien pero Solari le ganó la espalda en el 0-1. El paraguayo Cáceres mostró condiciones con el perfil cambiado. Rodríguez se preocupó por reventarla siempre para no equivocarse. Assmann no pudo hacer nada en el gol, en el que Gioda volvió a salir en la foto, cerca del Cuqui… Y los relevos (Sosa, Echagüe y Núñez) no lograron modificar el desarrollo, ni aun atacando con mayoría por lo mal que retrocedía el Ciclón. Una clara muestra de la falta de confianza que los afecta. Lo único bueno: les queda sólo un partido…
Las ganas de comer
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Se volvió a jugar el partido entre el hincha desnutrido de alegría y el equipo de alma raquítica. A la rechifla y el váyanse todos, se sumó el alimento para perros.
Era una obviedad que ayer los hinchas de Independiente iban a mostrar su descontento: 20 puntos en 18 partidos, goleadas por doquier, sin cancha, con un juego que no conoce lo que son dos pases seguidos y con la sensación -casi certeza- de ir a la cancha para ver una derrota más y van… En fin, lo mismo de siempre, como los insultos… El tema, a esta altura, era cómo la popular y la platea iban a reflejar la bronca. Es que se sabía que el “váyanse todos”, los silbidos y el hit con dedicatoria para las madres de los jugadores y la CD estarían presentes, como el pasacalle que apareció en el Acceso Sudeste el jueves. También se sacudió el polvo de aquel trapo que se colgó en Villa Domínico cuando Troglio era el técnico: “Con + huevo se ganaba”. Ah, y hasta volvió la ovación: “Silvera, Silvera…”, bajó con un olor insoportable a reproche a lo que hay y nostalgia de lo que fue, mientras las manos sentían nuevamente el calor de un aplauso al ver a Hilario Navarro acercarse al arco. Casi como una plegaria para matizar la culpa de tirarles a sus propios jugadores jeringas llenas de un líquido rojo sangre y comida para perros…
Independiente da pena. A sus hinchas les da pena. Y ayer, a diferencia de otros partidos, los recibieron con una silbatina tremenda y el “jugadores, la c… de su madre, a ver si ponen huevo…”. Es más, hacían fila los plateístas para tener una ubicación preferencial frente al toldo que tapa la salida del equipo para que el insulto les llegue bien cerca de sus oídos.
Pero, más allá de todo, se niegan a perder la fe. Si lo único que les queda y esperar a que Gallego haga lo mismo que en 2002, cuando terminó el Clausura al horno y en el Apertura dio la vuelta. Así, a los 34 minutos, tímidos, se entusiasmaron, por decirlo de alguna forma, con una llegada al fondo del Rolfi. No más. En verdad, les dieron los primeros 45 minutos de changüí, hasta que no pudieron con la calentura interna. “Nosotros alentamos, pero ustedes nos cagaron”, brotó tan contundente como la rechifla y el “Comparada botón” tras el pitazo de Abal.
Lo del entretiempo fue de otra época, casi un aborto de la realidad del Rojo. Humo rojo al por mayor y locura extrema en una popular que, tal vez, festejaba el ser hincha porque ¿si no qué celebraban?
El shock de lo que es este Independiente se les presentó ante sus narices cuando el Cuqui puso el 0-1. Chau neurosis, bienvenido el crudo realismo. Se quedaron atónitos. Y duró lo que tardaron en tomar temperatura para cantar el “jugadores, la c… de su madre…” de nuevo. Aunque llegó un momento en que no daba para más. Ya no había forma de mostrar la impotencia, la bronca interna o cómo quiera que se sientan los hinchas. Y entonces las trompetas y los bombos sonaron como un disco rayado, mientras las gargantas estaban inertes. Es que no sabían qué cantar ni para qué. Y como si hubieran salido de un trance insoportable, a los 37′ explotaron: “La camiseta del Rojo, se tiene que transpirar, y si no no se la pongan, vayanse, no roben más”. Clarito.
Para entonces, el empate era utopía. Quedaba esperar el final para vomitar el hastío. Aunque ya no había fuerzas de silbar y el “váyanse todos” sonó suave, como si fuera en vano aclararle a este equipo que más que el hambre son las ganas de comer. Pero sólo las ganas, eh.
MARIA LAURA BALONGA | mbalonga@ole.com.ar
Obediente
Montenegro le aconsejó a Comparada que, si estaba desganado, ni fuera a ver al equipo. Y al presidente ni se lo vio por el Tomás A. Ducó. A propósito: JC definió que el de ayer fuera el último partido del Rojo como local en Huracán, ya que se le está haciendo muy costoso el operativo de la Federal. Así, mientras el Libertadores no esté para ser usado, el Rojo jugaría en Lanús.
Que no sea puro humo
La Justicia investiga a la CD del Rojo y a la Policía por pirotecnia. Sospecha de ayuda a la barra.
GUSTAVO GRABIA | ggrabia@ole.com.ar
Tirar pirotecnia en un estadio es una contravención. Armar un estruendo de fuegos artificiales como en año nuevo, es una muestra notable de impunidad. Eso hizo ayer la barra de Independiente. Y la Justicia quiere saber quién ayudó a armar semejante festival y por eso inició una causa contra la dirigencia y otra contra la Policía, responsables de la organización y seguridad.
En realidad, todo empezó el viernes. La Federal informó al fiscal Walter López que había 100 kilos de humo rojo dentro del estadio. El fiscal habló con la jueza Natalia Molina y se dictó la orden de allanamiento del Ducó. Este se produjo ayer al mediodía y dio negativo. Por eso fue tan llamativo lo que ocurrió después. Según la Policía, cachearon a la barra así que sólo los dirigentes pudieron hacerla entrar. La CD dice todo lo contrario. Y la Justicia sospecha que a la barra la ayudaron ambos. Igual, no son los únicos benefactores de los violentos. En la popu apareció un telón con sponsors y una bandera que decía Sudáfrica 2010. Cuando faltaban minutos para el final del partido, los barras se juntaron detrás del arco de Assman y según una versión, Bebote habría leído la lista de 50 barras que viajarán al Mundial. Increíble pero real.
Lo hicieron posible
BETO TISINOVICH | btisinovich@ole.com.ar
Este plantel, sacando a los pibes, quedará en la historia como el peor. Bien merecido lo tienen los jugadores. La gente se expresó y les hizo sentir el fuego de la bronca, el que ellos no ponen en la cancha. Un equipo sin alma y que si no fuera por el promedio, estaría con un pie en la BN. Hablan mucho en la semana, contestan, pero después en la cancha no les queda fuerza para meter la patita cuando es necesario. Son como unas ovejitas descarriadas. Menos mal que falta un partido y a muchos de ellos no los veremos más con la gloriosa roja. Ahora vamos con los otros culpables. Es claro: Gallego está perdido. La única virtud que le dejó Santoro fue un equipo ordenado y que no sufría tanto atrás. En estos 11 partidos, jamás pudo mantener la valla invicta y cada llegada rival es más de medio gol.
Quemó pibes a lo loco, además indultó a players que nos llevaron a esta debacle. Apoyé la llegada del Tolo, pero el del 2002, no el que trajo a Pablo Paz y Brandán. Y tengo miedo de que se vuelva a equivocar. Hay que pedir jugadores con ruido en el estómago, en principio, y con actitud. El último párrafo es para la CD. Prestó a Hilario para darle una mano a un rival de toda la vida y, por unos míseros 50.000 dólares, que se pagarán en cuotas, dejaron que jugara. Otro error muy grosero. Estamos mal en los tres frentes, por eso llegamos a este horrible momento.
Fuente: Olé





junio 21st, 2009 at 10:29 am
¿Vamos a ir a la cancha contra Arsenal?
junio 21st, 2009 at 10:35 am
¿vamos a seguir comprando el “ole”, que no hablo bien de nosotros ni cuando salimos campeones?