Sábado, 26 diciembre, 2009 - Categoría Noticias

ECRSAG EN LA NUCA: E DE PAPÁ EUSEBIO, C DE MAMÁ CRISTINA, Y LOS HERMANOS: RODRIGO, SUSANA, ANDREA Y GUSTAVO.A Darío Gandín, como al Rojo, ahora todos lo miran con otros ojos. Y el Chipi se quiere quedar a pelear el Clausura. “Demostramos que tenemos sangre”.

Pachuca preguntó y valés u$s 4.000.000…

-Sí, y ya se había hablado lo mismo en mayo y me quedé. Si hay una oferta, hay que evaluar si le conviene al club, qué quiero hacer yo. Y decidir. Lo único cierto es que tengo un año y medio más de contrato en Independiente y me siento muy a gusto acá.

Cuando vuelva de la pretemporada en Salta, Darío Gandín ya tiene agendado un evento muy especial. Su mujer, Nadia, tiene programada la cesárea para que nazca Adriano, su segundo bebé. Y sí, el nombre va en homenaje al goleador brasileño. Pero no todo queda ahí. Su perro se llama Ronaldo y el fanatismo del Chipi con el fútbol, más allá del que tiene con los tatuajes, lo llevó por un camino inesperado. Tras sufrir por estar seco en la red, el delantero de Independiente encontró su premio, y en el Apertura made in Gallego pudo por fin explotar. Aunque, ¿cómo comienza la historia de este hombre que se convirtió en la marca del gol?

“Empecé de 2. Mi papá, Eusebio, era el técnico. Fue en Agua y Energía, de Santa Fe. Tenía seis y me obligaba a jugar ahí. Era capitán, pateaba tiros libes y córners. Hasta que mi hermano me dijo que yo jugaba porque mi papá era el técnico. Y me fui a Guadalupe, un club de barrio. Cuando un técnico me preguntó de qué jugaba, le dije: ‘De delantero’. Y de ahí pasé a Rafaela”, le cuenta Gandín a Olé.

-¿Hiciste Inferiores?

-Llegué a los 15 para la Reserva, y a los 16 debuté en Primera. Tengo 26 y todos me cargan porque me dicen que estoy viejo…

-¿Y a quién copiás? No sos 9, pero vivís del gol.

-El mejor 9 sigue siendo Ronaldo. Le vi movimientos que ninguno hace. Le saco cosas, pero es difícil. Estoy muy lejos. Adriano es un animal del área.

-Igual, jugar más retrasado no te alejó del arco.

-Cuando me retraso un poco pierdo mucha pierna para llegar de frente al arco, pero hubo que adaptarse. Al tener un único 9, el equipo necesitó que bajara unos metros, y lo hice con gusto. Aunque éramos varios los que teníamos la responsabilidad de pisar el área. No sólo Silvera. Yo metí 10, Piatti hizo cinco.

-¿Cuál te gustó más?

-Diez era mi meta. Si es por belleza, el que le metí a Huracán, que fue una individual de mitad de cancha; como el que le hice a Banfield, que la agarré de lleno con todo el empeine y la puse en un ángulo de 30 metros. Aunque los más importantes fueron los de los clásicos. Me faltó Boca, pero ganamos.

-Eso es confianza.

-La confianza en el jugador es todo. Si en el semestre pasado me hubiese tocado errar los tres goles que erré con Huracán, me hubiese matado mentalmente y no hubiese tocado más la pelota. Esta vez seguí intentando, tuve chances, y me quedé con el último gol. Metí la más difícil y los más fáciles no. Pasa.

-¿Qué cambió en vos?

-Mis ganas de revertir la situación, el apoyo de la familia, y la tranquilidad que me dio Gallego. Al Tolo le agradezco porque, después de un torneo malo, me dio mucha confianza que me dijera que me necesitaba. Y me rompí el alma, el técnico me puso, se me abrió el arco, empezamos a sumar… Todo se fue acomodando.

-¿Y donde estuvo el cambio de Independiente?

-En la actitud y en las ganas de querer revertir la situación del Clausura. No la pasamos nada bien. Costaba salir de casa en los días libres y trabajar a full del primer minuto que estuvimos en Necochea nos dio réditos… Y nos ilusionamos, sí. Empezamos con el pie izquierdo con Newell’s, luego encadenamos unos resultados positivos, ganamos el clásico, pasaban las semanas y seguíamos estando entre los de arriba… Y empezamos a mirar el título, y la Libertadores…

-¿Cuál fue la clave?

-Se formó un grupo bueno, unido y que sigue con muchas ganas de lograr un objetivo. El ánimo fue todo, rompimos varias rachas… En el Clausura se nos animaba cualquiera. Ahora nos empezaron a mirar con otros ojos.

-Se ganaron el reconocimiento del hincha.

-En muchos partidos nos fuimos aplaudidos y eso habla bien del grupo, del trabajo, porque a esta gente es difícil convencerla y, la verdad, ese reconocimiento nos hizo bárbaro y nos tranquilizó para seguir. Nos vamos a dormir tranquilos porque se intentó.

-¿Y cómo es tu relación con la gente del Rojo?

-Todavía hay algunos murmullos. Me hubiese gustado que me banquen un poquito más. Porque yo dejó todo por la camiseta. Sé que en el Clausura fui de los más resistidos. Pero el fútbol da revancha, y me rompí el lomo para tenerla. Algunos, de a poco, me fueron aplaudiendo.

-¿Lo más doloroso?

-Cuando jugamos con San Lorenzo en el Clausura y nos tiraron unas jeringas con un líquido rojo, como diciendo que no teníamos sangre. Este torneo demostramos que tenemos sangre, que nos jugamos la vida. El objetivo lo cumplimos, porque peleamos casi hasta lo último. El torneo que viene apuntamos a luchar de punta a punta.

-¿Fueron menos que Banfield o Newell’s?

-Perdimos con los dos (1-0 con la Lepra y 2-1 con el Taladro) pero ninguno nos superó en la cancha. Nos preguntábamos cómo Banfield está arriba, pero fue invicto 15 fechas, tuvo al goleador, la valla menos vencida, y sólido en las tres líneas, no se desesperó en la adversidad. Fue un equipo muy inteligente.

-¿Te sentís frustrado?

-Con impotencia. Habíamos demostrado que podíamos pelear. Nos faltó inteligencia para defendernos con la pelota. Y en el camino dejamos varios equipos importantes para la pelea.

-Ganaron los clásicos y sufrieron con los chicos.

-Cuando el rival juega a Independiente le hace bien, y cuando el equipo se junta, tiene la pelota y empieza a tocar, es distinto a los demás… Y los que nos complicaron fue porque equivocamos el camino.


Tolo feliz

En Independiente saben que Gandín es importante para Gallego y, por eso, no lo quieren vender a cualquier precio. Por eso tasaron en cuatro millones de dólares la mitad de su pase y, por ese motivo también, el Pachuca desistió de contratar al Chipi, quien sólo ve con buenos ojos al fútbol mexicano. Por ahora, no se va…

Demian Meltzer | dmeltzer@ole.com.ar


A 25 años de la Copa 84

Hoy, a las 18 y en Atlanta, José Percudani y los ex campeones de la Intercontinental 84 festejarán los 25 años del título. La entrada sale 10 pesos y el amistoso es para ayudar a Vanina Andurell, quien padece de linfoma no Hodking. Y podés volver a ver jugar a Ricardo Bochini…

Fuente: Olé

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