
Fue una semana caliente y se vivió un clima tenso. Pidieron por Gallego y ni se acordaron de Menotti.
Por Mariano Potel
Se sabía. El partido era, más allá de lo que ocurriera en el campo de juego, una ocasión para medir lo que la voz de la gente iba a decir luego de una semana caliente con las idas de Garnero y Menotti, la negativa del Tolo Gallego y el culebrón de nombres para ocupar el cargo de DT. El infierno no iba a estar ni encantador ni ricotero . Amenazaba, entonces, con ser una llamarada de insultos. Claro, el destinatario, a diferencia de otras veces, fue solamente uno.
No había empezado el partido y la gente ya despedía furia contra Julio Comparada. El presidente fue el único señalado. Nadie se acordó ni de Garnero, ni de Menotti ni de ningún jugador. Incluso el resto de los dirigentes pasó a segundo plano en el ranking de cuentas pendientes.
Los futbolistas, por su parte, sufrieron una lluvia de huevos que impactaron contra el techo del micro que llevó al equipo a la cancha. Después, nada más.
Además de los cantitos que bajaban, el descontento se hizo sentir en las banderas. La más contundente rezaba debajo de una de las cabeceras: “Háganse cargo, es Independiente”.
Algunos, bien caseros, eligieron poner sus propios carteles con reclamos. Se apreciaron dos que decían “¿Y las obras donde están?” y “Andate Comparada”.
También se repartieron volantes con frases hostiles para con la dirigencia.
El gol de Leonel Galeano tampoco apagó las gargantas enardecidas que, ni bien convertido el tanto, volvieron a descargarse contra el presidente Comparada.
Hubo algunos que se atrevieron a hacer un pedido nostálgico por Américo Rubén Gallego. Gritaron que “de la mano del Tolo la vuelta vamos a dar” .
El hincha de Independiente terminó con un “Dale Rojo” , que le sirvió de declaración de principios. Los que se llevaron algún aplauso fueron Andrés Silvera y el goleador Galeano. Los silbidos fueron para Nicolás Cabrera.
Antes de irse, los fanáticos de Independiente volvieron a acordarse de arrojar más dardos contra Comparada. Se marcharon conformes por ganar al fin, pero con fastidio por la situación del club. El tiempo dirá qué ocurre con el equipo y con la designación del nuevo entrenador. La gente, como ayer, seguirá con la esperanza de cambiar los insultos por aplausos. Soñando, claro, con otra realidad.
Fuente: Clarín




